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Con dos premios nacionales y dos salones de la fama

Qué hemos hecho a los gobiernos para merecer tanto castigo. Por qué nos ignoran, por qué no nos valoran justamente si sumamos talentos a la sociedad. Siento que nos desprecian y no debería ser. Aportamos en apenas sendos años un Premio Nacional de Literatura 2019, Manuel Matos Moquete, y un Premio Nacional de Periodismo 2017, don Osvaldo Santana. Ningún municipio del país, y tal vez ninguna ciudad, puede hoy día exhibir esa proeza.

El enigmático poblado del Sur, Tamayo, es digno de un profundo estudio sociológico. Produjo a uno de los mejores voleibolistas de todos los tiempos y exaltado al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, don Héctor Romero.

De esta pródiga tierra salió también uno de los mejores compositores de la época y miembro del Salón de la Fama de los Compositores Latinoamericanos, don Cheo Zorrilla y uno de los mejores arreglistas musicales del momento, el maestro Armando Olivero. Y qué decir de artistas como Enrique Féliz, Benny Sadel, Fernando Arias y otros muchos músicos.

Igualmente estos escasos kilómetros cuadrados ha dado una pléyade de profesionales, entre los que se destacan periodistas, abogados, ingenieros y médicos de fustes que aportan sus conocimientos en el país y en el exterior.

Al recibir el Premio Nacional de Literatura 2019, Manuel Matos Moquete añoró los tiempos de su niñez en Tamayo. Resaltó que muchas de las vivencias plasmadas en sus novelas recogen esos pasajes de narradores orales de cuentos que resaltaban la cultura del “vacá” y otros fetiches. Refirió que entonces, y como lastimosamente ocurre en la actualidad, no existía una biblioteca y que como amaba la lectura se refugiaba en libros de toda índole que encontraba en un pequeño stand en el ayuntamiento de la localidad.

Este escogido a unanimidad para el Premio de Literatura, el reconocimiento de más alto nivel de República Dominicana, estará en Tamayo este domingo 10 de marzo donde recibirá un merecido homenaje de su pueblo.

La entrega de este premio otorgado por la Fundación Corripio y el Ministerio de Cultura en el Teatro Nacional, constituyó un hermoso acto que permitió que no solo se resaltaran las idóneas cualidades literarias de los intelectuales José Alcántara Almanzar, asesor de la Fundación Corripio y el escritor Manuel Nuñez, sino que se dio el hecho en que el acontecimiento ocurre en medio de un contraste, que si se quiere, solo suele producirlo la providencia Divina.

Y es que a un consumado guerrillero que militó de por vida en el campo revolucionario y que se había enrolado a la guerrilla del coronel Francisco Alberto Caamaño para combatir los regímenes capitalistas y dictatoriales de la época, era exaltado por una institución de innegable prestigio capitalista que patrocina el filántropo y más grande capitán de empresas dominicano, tal vez el más rico de la nación, don José Luis –Pepín- Corripio. ¿Qué nos dice esto? que la Fundación Corripio, el Ministerio de Cultura y el excelso jurado de rectores universitarios y figuras literarias que otorgaron esta presea, valoraron el arte, la literatura, la dedicación y los sacrificios de muchos años de este académico, creador y científico tamayense, por encima de las despreciables diatribas ideológicas.

Pudiéramos decir que como Matos Moquete sobrevivió a su tiempo, su sobrevivencia le permitió dar estos frutos a su patria. Pero ¿qué hubiera pasado si la égida despótica lo hubiera eliminado como ocurrió con muchos de sus compañeros de lucha sacrificados? Uno ahora se pregunta ¿Cuánto estuviera aportando ahora el Coronel Caamaño al proceso democrático del país si no hubiera sido ejecutado en las montañas de Ocoa?

La sociedad no pudo esta vez ignorar la fuerza creativa, literaria y científica de Matos Moquete. Los gobiernos no pueden ni podrán en lo adelante seguir ignorando los aportes que el municipio de Tamayo hace al país, agregando valores con figuras de la estatura del ex guerrillero, científico y literato Matos Moquete.

No nos arreglan ni las calles, nos ignoran y no hemos hecho nada más que aportar, incluso vidas en la lucha contra las tiranías.

Tamayo merece ser convertida en una “perla”. Y no como ocurre ahora que a este laborioso poblado se le ha dejado a su suerte y a merced de los vicios y algunas inconductas.

No existe ni ha existido en los últimos años una sola iniciativa gubernamental destinada a mejorar el entorno de esta comunidad, ni sus viviendas, ni sus calles, ni a mejorar la suerte de sus productores agrícolas. A su juventud se le ha abandonado, privándola del aporte de nuevos talentos.

No obstante, Tamayo vive. Una prueba de ello es Matos Moquete, un hombre digno de emular no solo por los jóvenes tamayenses, sino por la juventud de todo el país,

*El autor es periodista.

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